El capitalismo andino-amazónico y otros engendros
Carlos Alberto Montaner
El ex presidente español José María Aznar ha anunciado que dedicará
una buena parte de su tiempo y energía a luchar contra el
neopopulismo latinoamericano. Neopopulismo es la forma elegante con
que en la región se le llama a la izquierda bananera. ¿Qué es eso?
Es una tendencia ideológica y un modo de gobernar que amalgama todos
los errores y vicios políticos alegre e inútilmente practicados por
los latinoamericanos a lo largo del siglo XX: caudillismo,
clientelismo, estatismo, colectivismo y antiamericanismo, a lo que
en ciertos países con fuerte presencia indígena hoy se le agrega el
rencoroso componente indigenista.
Naturalmente, no todos los gobiernos de esa cuerda exhiben la misma
virulencia neopopulista. Los casos crónicos son Cuba y Venezuela,
pero a ese tándem pendenciero y bocón se acaba de unir Bolivia de la
mano de Evo Morales. ¿En qué dirección se va a mover Bolivia? No es
difícil adivinarlo. Sólo hay que leer a Alvaro García Linera. García
Linera, ex profesor universitario y ex guerrillero alzado contra los
gobiernos democráticos (lo que lo llevó a la cárcel), además de ser
el vicepresidente de Bolivia tiene a su cargo la delicada misión de
definir las líneas maestras del nuevo gobierno y de administrar la
legendaria incapacidad intelectual del señor Morales, un político
intuitivo pero escasamente educado.
Según sus palabras, publicadas hace pocas semanas en Le Monde
diplomatique --la gaceta europea del neopopulismo--, el país va a
desarrollar el ''capitalismo andino-amazónico''. ¿En qué consiste
ese nuevo engendro neopopulista? Según don Alvaro, en ``la
construcción de un Estado fuerte, que regule la expansión de la
economía industrial, extraiga sus excedentes y los transfiera al
ámbito comunitario para potenciar formas de autoorganización y de
desarrollo mercantil propiamente andino y amazónico''.
No van, pues, Morales y García Linera a intentar modernizar a
Bolivia dentro del probado modelo de de-
sarrollo que sirvió para sacar del atraso y la pobreza a países tan
diferentes como Corea del Sur, Chile, Irlanda o Singapur, sino van a
descubrir una nueva vía hacia la prosperidad que no se parece a nada
de lo ensayado en el planeta en los últimos siglos.
¿Cuánto tiempo va a durar ese original experimento colectivista con
los pobres bolivianos? Volvamos al texto de García Linera: ''La
descolonización del Estado y la implementación de un nuevo modelo
económico marcarán, desde el primer día, al gobierno de la izquierda
indígena que acaba de iniciar un proceso de cambio irreversible para
el próximo medio siglo''. Resulta que ahora hay una izquierda
indígena, supuestamente diferente a la blanca, mestiza o negra, que
gobernará cincuenta años.
¿Desembocará ese novísimo modelo económico en el comunismo? Puede
ser, pero sólo si las cosas marchan en la dirección debida: ``El
potencial comunitario que vislumbraría la posibilidad de un régimen
comunitarista socialista pasa, en todo caso, por potenciar las
pequeñas redes comunitaristas que aún perviven y enriquecerlas. Esto
permitiría, en 20 o 30 años, poder pensar en una utopía socialista''.
O sea, el ''capitalismo andino-amazónico'' puede agravarse: ``Lenin -
-afirma García Linera-- proponía soñar con los ojos abiertos, lo que
significa tener la capacidad de mirar el horizonte estratégico, pero
saber manejar la táctica. El capitalismo andino-amazónico es la
manera que, creo, se adapta más a nuestra realidad para mejorar las
posibilidades de las fuerzas de emancipación obrera y comunitaria a
mediano plazo. Por eso, lo concebimos como un mecanismo temporal y
transitorio''.
Dicho de otro modo: dentro de varias décadas, cuando don Evo y don
Alvaro sean viejos como Fidel Castro y se cansen de jugar al
capitalismo andino-amazónico, si todavía hay supervivientes
comenzarán a ensayar el sanguinario disparate marxista-leninista que
ya les costó cien millones de muertos a los terrícolas en apenas
setenta años de ponerlo a prueba en diversas latitudes y culturas y
en todas las circunstancias posibles.
Hace muy bien Aznar en tratar de frenar esta locura, pero la tarea
es difícil. Millones de desorientados latinoamericanos suelen juzgar
a los gobiernos populistas por su seductora retórica revolucionaria
y no por los fatales resultados que consiguen. Las diversas
variantes del peronismo llevan más de medio siglo hundiendo
progresivamente a la Argentina sin que ese pequeño detalle se
refleje en los resultados electorales. Chávez es el peor gobernante
que recuerda Venezuela, pero mantiene a un tercio de los votantes
fiel a sus continuas payasadas. En Perú, el neopopulista Ollanta
Humala, pese a su tenebroso pasado de violador de derechos humanos,
se abre paso peligrosamente en las encuestas. Eso es lo terrible del
neopopulismo. Como ocurre con el cáncer, las células no dejan de
crecer y multiplicarse hasta que muere el paciente. En eso estamos.

por qué eres tan imbecil. Qué mal análisis, ni dos dedos de frente tienes